Sin la hCG, una dieta de 500 kcal sería peligrosa y produciría pérdida de músculo, debilidad e irritabilidad. Con la hCG, el organismo accede a las reservas de grasa acumulada como fuente energética alternativa — en la práctica, el cuerpo «come» de sus propios depósitos de grasa. Por eso los pacientes no experimentan hambre real, no pierden masa muscular y mantienen buen humor y energía durante el tratamiento.
