Para muchos pacientes que «lo han probado todo», la acumulación de metales pesados es exactamente la variable invisible que bloqueaba sus resultados. Mercurio, plomo, cadmio y arsénico interfieren directamente con el metabolismo de la insulina, generan inflamación crónica y bloquean la función tiroidea. Detectar y tratar esa carga tóxica puede transformar completamente la respuesta al tratamiento.
